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Ansiedad
Ansiedad  
La ansiedad es un sentimiento experimentado prácticamente por todos los seres humanos. Es una sensación normal que acompaña a las personas durante todo su desarrollo, estando presente al vivir cambios y situaciones nuevas, como pueden ser el primer día de escuela, una primera cita, los exámenes, entrevistas de trabajo, enfrentarse a la muerte.

La ansiedad normal se caracteriza por una sensación de aprensión difusa, indiferenciada y generalizada ante una amenaza inespecífica, vaga u originada por algún conflicto. La persona ansiosa suele sentirse inquieta y puede presentar síntomas corporales como dolor de estómago, sequedad bucal, sudoración, dolor de cabeza. También se considera a la ansiedad como un signo de alerta que permite a las personas prepararse para enfrentar las amenazas ordinarias del ambiente, como un mecanismo para la supervivencia. Es decir, se activa el sistema defensivo frente a una situación de peligro real. La ansiedad desaparece una vez que el peligro ha pasado.

Al referirse a la ansiedad patológica, se habla de una respuesta inapropiada a un estímulo concreto en función de su intensidad o su duración. Se trata de un padecimiento importante sin un referente externo válido que es vivenciado por la anticipación de un futuro incierto, inseguro y amenazante acompañando de un sentimiento de inseguridad predominante. A diferencia de la ansiedad normal en la ansiedad patológica la persona no puede detener la reacción defensiva una vez que el peligro ha pasado.

Esta ansiedad patológica puede generar una serie de trastornos que se denominan Trastornos de Ansiedad, que en líneas generales son una respuesta disfuncional basada en la sobreestimación del grado de peligro (tanto de un estímulo interno como externo) y una subestimación de las habilidades o recursos personales para afrontarlo. Un trastorno de ansiedad puede ser conceptualizado metafóricamente como un sistema de alarma hipersensitivo. El paciente patológicamente ansioso experimenta innumerables "falsas alarmas" lo que lo mantiene en un estado de estrés constante.

Durante mucho tiempo, el término angustia fue diferenciado de la ansiedad, caracterizando a la angustia como una expresión predominantemente somática en forma de constricción y opresión, vivenciada en un presente sufriente, es decir, por un sufrimiento físico general además de esa sensación difusa y generalizada de anticipación a un peligro, común de la ansiedad.

Actualmente se lo utiliza como sinónimo de ansiedad, debido a que se considera a ambos como un estado psicológico displacentero acompañado frecuentemente de síntomas fisiológicos, descritos como expectación penosa o desasosiego ante un peligro impreciso (Suárez Richards, 1995).

Aunque no se dispone de estudios epidemiológicos que estimen la prevalencia de los trastornos de ansiedad en general consensualmente se los considera trastornos muy frecuentes.

Las cifras que se tienen oscilan entre un 15 y un 25% de probabilidad de incidencia de los trastornos de ansiedad a lo largo de la vida (Greist & Jefferson, 1989).

En su cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales,  se exponen los siguientes trastornos de ansiedad:
  • Trastorno de angustia con agorafobia
  • Trastorno de angustia sin agorafobia
  • Agorafobia sin historia de trastorno de angustia
  • Trastorno de ansiedad generalizada
  • Fobia específica
  • Fobia social
  • Trastorno obsesivo compulsivo
  • Trastorno por estrés postraumático
  • Trastorno por estres agudo
  • Trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica
  • Trastorno de ansiedad inducido por sustancias
La Asociación Americana de Psiquiatría trata como entidades separadas de los trastornos de ansiedad a las CRISIS DE ANGUSTIA (síntomas corporales súbitos acompañados de aprensión y sensación de perder el control o de muerte), y a la AGORAFOBIA (ansiedad y evitación de lugares cerrados o de escape dificultoso), porque pueden aparecer en el contexto de todos los trastornos de ansiedad. Por ejemplo, los casos de fobia específica a los perros, quien padece esta enfermedad puede (o no) tener una crisis de angustia cuando se encuentra con un perro o anticipa su presencia.
Trastorno de angustia con agorafobia
Crisis de angustia

Describe por separado a la crisis de angustia (ataque de pánico), debido a que aparece en el contexto de varios de los trastornos de ansiedad, como el trastorno por crisis de angustia, fobia social, fobia específica y el trastorno por estrés postraumático. Tiene una alta prevalencia que oscila entre un 3 y un 4% de la población en general.

La crisis de angustia o el ataque de pánico se caracteriza por iniciarse repentinamente e ir escalando gradualmente hasta llegar a un pico a los 10 minutos aproximadamente y puede llegar a durar hasta media hora. Puede ser inesperado o desencadenado por estímulos determinantes o predispuesto por ciertas situaciones.

Los síntomas que componen a la crisis son miedo o malestar intenso que aparece aisladamente junto con, por lo mínimo, cuatro o más síntomas somáticos (corporales) o cognoscitivos (psicológicos).

Estos síntomas pueden ser:

Palpitaciones o elevación del ritmo cardíaco.
Sudoración.
Temblores.
Sensación de ahogo o falta de aliento.
Sensación de atragantarse.
Opresión o malestar torácico.
Náuseas o molestias abdominales.
Mareo, desmayo o aturdimiento.
Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (sentir que se está separado de uno mismo).
Miedo a perder el control o "volverse loco".
Miedo a morir.
Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo).
Escalofríos o sofocaciones.

Según la Asociación Psiquiátrica Americana existen tres tipos de ataques de pánicos (crisis de angustia):

inesperado:espontáneo sin asociación a un disparador situacional.
limitado situacionalmente:asociado a una señal, un disparador situacional, y suele desarrollarse la crisis después o anticipatoriamente a la señal.
predispuesto situacionalmente: puede no asociarse a una señal y no ocurrir después de la misma. Cada vez más autores consideran que únicamente el primer ataque de pánico (crisis de angustia) es totalmente inesperado o espontáneo.

Agorafobia


La agorafobia, también es considerada una entidad diagnóstica aparte. De un 0,6 a un 6% de la población presenta agorafobia. Actualmente el concepto de agorafobia se ha ampliado y no se considera sólo miedo a los espacios abiertos.

Lo que produce la agorafobia es ansiedad o temor ante una situación en que escapar resulte difícil o embarazoso o en la que no se podría obtener ayuda en caso de experimentar una crisis de angustia o síntomas similares a la angustia.

Estos sentimientos provoca comportamientos de evitación, restringiéndo la movilidad de las personas hasta llegar al grado de eludir salir de sus casas o hacerlo siempre acompañados. Las situaciones que son más comúnmente evitadas son el encontrarse lejos del hogar, en un ascensor, en un avión, automóvil, en un lugar cerrado, en medio de una multitud o en espacios abiertos. Algunos sujetos pueden enfrentar estas situaciones pero a expensas de sufrir severas ansiedades, miedo o síntomas equivalentes.

Con frecuencia, a estas personas les es más fácil enfrentarse a este tipo de situaciones si están acompañadas por alguien conocido.

Estos comportamientos de evitación pueden provocar un deterioro en sus actividades diarias, tales como ir al trabajo o realizar las tareas domésticas.

La persona que padece agorafobia experimenta miedo a que le agarre miedo, es decir miedo al miedo, lo que se denomina Ansiedad Anticipatoria. Este es el fenómeno central de la agorafobia y por ello es el objetivo central de los tratamientos.
Trastorno de angustia con o sin agorafobia
La diferencia entre el T. De Angustia con Agorafobia o sin Agorafobia lo determina la presencia o ausencia de ésta (ver Agorafobia). La prevalencia del trastorno de angustia (con o sin agorafobia) se sitúa entre el 1,5 y el 3,5 % de la población mundial, según lo indican los estudios epidemiológicos. Igualmente, de los individuos ya diagnosticados con un trastorno de ansiedad, entre un tercio y la mitad sufren de agorafobia.

El trastorno de angustia con agorafobia se diagnostica tres veces más en hombres que en mujeres.

Este trastorno aparece con más frecuencia en personas jóvenes, pero puede aparecer a cualquier edad, al igual que la agorafobia. Se considera más típico, que entre el final de la adolescencia y los 45 años, se inicie este tipo de trastorno.

Se ha identificado, a la historia reciente de separación o divorcio como un factor social predisponente.Y además se relaciona su aparición con el inicio de toma de responsabilidades.

Para diagnosticar un trastorno de angustia con o sin agorafobia es necesario que la persona sufra de repetidas e inesperadas crisis de angustia, seguidas por un período mínimo de un mes de preocupación por tener más crisis, preocupación por lo que las crisis pueden implicar o sus consecuencias (las personas panicosas temen en sus crisis perder el control, sufrir un infarto o volverse locas). Además, para diagnosticar este trastorno es necesario que el sujeto haya modificado su comportamiento debido a las crisis.

Para diagnosticar una trastorno de angustia con agorafobia es necesario que la persona sufra de repetidas e inesperadas crisis de angustia, seguidas de la preocupación de poseer otra crisis, por un período mínimo de un mes, o bien, que debido a las mismas crisis, el sujeto haya modificado su comportamiento visiblemente.

A su vez, deberá presentar las características de la agorafobia.De no ser así, el diagnóstico será trastorno de angustia sin agorafobia.

Es común que los individuos que sufren de un trastorno de angustia con agorafobia, se preocupen por la posibilidad de padecer nuevas crisis de angustia, tanto como por las consecuencias de las mismas, induciéndolos a desarrollar conductas de evitación.

Los sujetos con este trastorno suelen preocuparse constantemente por las implicaciones que las crisis conllevan. Además, se sienten aprehensivos intermitentemente o constantemente, sin la presencia de algún estímulo específico.

Una de las consecuencias habituales de este trastorno es la desmoralización, la falta de motivación, vergüenza e infelicidad de las personas que lo padecen, puesto que se ven dificultados en llevar a cabo sus actividades diarias.

Estos individuos presentan una notable incidencia de trastorno depresivo mayor que va del 50 al 65%. A su vez, algunos sujetos tratan de controlar su ansiedad por medio de alcohol, drogas o fármacos, existiendo la posibilidad de desarrollar un trastorno relacionado con sustancias.

La mayoría de los individuos con este trastorno mejoran considerablemente los síntomas de agorafobia como los de las crisis de angustia (ataque pánico) luego de comenzar un tratamiento.

Como se ha mencionado, estos trastornos tienen una prevalencia significativa en la población, sin embargo por diferentes motivos, muchas veces no se hacen los diagnósticos adecuadamente y en consecuencia la persona afectada tarda 7 años aproximadamente en llegar al especialista.

Los tratamientos más efectivos para este trastorno, son la farmacoterapia y la psicoterapia cognitivo-conductual. Igualmente se recomienda la terapia familiar y terapia de grupo para ayudar a las personas afectadas y a sus familiares a adaptarse a las dificultades psicosociales que trae aparejado este trastorno.

La combinación de estos tipos de tratamientos ayuda del 70 al 90% de las personas afectadas. Se puede apreciar una mejoría significativa de 6 a 8 semanas después de iniciarse el tratamiento.

Las técnicas de relajación y el entrenamiento en respiración son fundamentales para el alivio ante las crisis, el miedo y la ansiedad anticipatoria.
Agorafobia sin historia de trastorno de angustia
Lo que caracteriza a este trastorno es la presencia de agorafobia en relación con el miedo a desarrollar síntomas similares a la angustia, experimentando un fuerte miedo a la humillación pública. No puede deberse al abuso de sustancias o a condición médica, pero puede asociarse a alguna condición médica general en tanto sea una expresión de miedo excesivo comparado con el que habitualmente se experimenta en situaciones similares. Los síntomas que sufren son similares a los trece síntomas de una crisis de angustia, pero en un grado menor, o bien pueden ser otros que sean embarazosos o incapacitantes.

Lo que diferencia a este trastorno del trastorno de angustia con agorafobia es que las personas con este trastorno nunca llegaron a padecer una crisis de angustia completa.

Se ha observado que la agorafobia sin historia de trastorno de angustiaaparece básicamente en: personalidades evitativas y/o dependientes, es decir, personas que siempre han evitado ciertas situaciones o dependían de alguien para hacerlo y en personas con hipersensibilidad, que ante el primer síntoma físico evitan la situación ansiógena.
Trastorno de ansiedad generalizada
El trastorno de ansiedad generalizada es una patología frecuente, con una estimación en su prevalencia global que oscila entre el 5 y el 8%. Según la Asociación de Psiquiatras Americanos, aproximadamente el 12% de las consultas de los centros de Ansiedad padecen T. A. G. Es un trastorno que factiblemente coexiste con otros trastornos mentales como trastorno del estado de ánimo (depresión mayor), otros trastornos de ansiedad, con trastornos relacionados con sustancias y suele estar asociado con el estrés. Un 50% de sujetos con este trastorno padecen otros trastornos mentales. La proporción de diagnóstico de trastorno de ansiedad generalizada es dos tercios mayor en mujeres que en los hombres.

Aunque muchos de los individuos con este trastorno se consideran ansiosos o nerviosos de toda la vida, es alrededor de la mediana infancia, adolescencia o de los 20 años, que suelen consultar por sus síntomas. Generalmente concurren a su médico de cabecera debido a los síntomas somáticos (corporales), siendo sólo un tercio de las personas que padecen este trastorno las que buscan ayuda psicológica o psiquiátrica. Es decir, la persona afectada muchas veces no consulta por que cree que lo que le pasa se debe a rasgos de su personalidad y no por un trastorno.

Para el diagnóstico de este trastorno lo primero que se debe observar es que el sujeto haya estado padeciendo la mayoría de los días, por no menos de seis meses, de una ansiedad excesiva y sobrepreocupación en relación a una amplia gama de situaciones y actividades.

A su vez, el individuo tiene que haber tenido dificultades para controlar ese estado de constante preocupación y aprehensión, acompañados de al menos otros tres síntomas tales como inquietud, fatiga prematura, desconcentración, irritabilidad, tensión muscular y trastornos en el sueño.

La ansiedad y la preocupación no son restringidas a ciertas situaciones, como en otros trastornos, sino que se presentan en varias áreas del desempeño personal.

No siempre los individuos con este trastorno reconocen lo excesivo de sus preocupaciones, pero sí manifiestan su evidente incapacidad para controlarlas, lo que les sucinta un significativo perjuicio, tanto en su bienestar personal como en áreas importantes de su vida (laboral, social, etc.).

Estos sujetos suelen estar preocupados por las situaciones normales de la vida diaria. Tienen problemas para focalizar su atención en lo que están haciendo debido a la dificultad que presentan para olvidar sus preocupaciones.

Entre los tratamientos adecuados para este trastorno, se encuentran la psicofarmacología, la terapia cognitivo-conductual individual o grupal y la psicoeducación.

La psicoeducación consiste básicamente en explicarle al paciente lo que le pasa y por qué le pasa. Esto ayuda a que la persona conociendo lo que le pasa contribuya en el tratamiento a bajar sus niveles de ansiedad. La psicoeducación en estos trastornos se dirige tanto al paciente como a sus familiares.

La terapia cognitiva-conductual intenta modificar las distorsiones cognitivas de la persona, tanto como los síntomas somáticos que padecen estos individuos.

La reducción de la ansiedad es fundamental para que los individuos puedan empezar a desenvolverse en su rutina diaria sin detrimentos.
Fobia específica
La fobia específica es más frecuente que la fobia social, siendo el trastorno mental más común en las mujeres y el segundo más común entre los hombres, después de los trastornos relacionados con sustancias. La prevalencia anual varía entre el 10 y el 11,5%. En casi el 100% de los pacientes que tienen alguna fobia específica presenta otro trastorno asociado como por ejemplo depresión u otro tipo de fobia. Las mujeres suelen padecer de fobia específica casi el doble que los hombres, en todos los tipos de fobia específica, menos en relación con el miedo a inyecciones, en donde las proporciones se equiparan.

Las fobias específicas pueden desarrollarse al haber presenciado o sufrido un evento traumático altamente conmocionante.

La fobia específica se caracteriza por un marcado y persistente miedo irracional y excesivo (reconocido así por los adultos y adolescentes, pero no por los niños), originado por la presencia o anticipación a objetos o situaciones claramente discernibles y circunscriptos. El estar frente al estímulo fóbico provoca en el sujeto una respuesta ansiosa. La mayoría de las veces, este estímulo es evitado y de ser experimentado será a costa de un sumo terror.

La línea divisoria entre lo que es miedo y lo que es la fobia está marcada por la EVITACION. Es decir, cuando la persona empieza a evitar implica que se ha instalado la fobia.

Para que la fobia específica sea diagnosticada el miedo o ansiedad de anticipación y la evitación del estímulo fóbico debe provocar un detrimento significativo en las actividades cotidianas del sujeto.

En el caso de los menores de 18 años, los síntomas deben haber durado más de seis meses. No debe diagnosticarse como fobia específica, si no se reconoce la irracionalidad o lo excesivo del temor. Tampoco en el caso que el miedo sea considerado adecuado al contexto en el que se produce (por ej., miedo recibir un disparo en un barrio peligroso).

Existen 3 vías que influyen en el desarrollo una fobia:

  1. Condicionamiento directo: Haber estado expuesto a una situación traumática con el objeto o situación a la que se teme (por ej. Haber sido mordido por un perro).
  2. Aaquisición indirecta: Por ej. Tener una persona significativa y cercana que le tenga fobia a los perros, es decir, se observa el temor de otros con determinada situación u objeto.
  3. Aprendizaje informacional / Instruccional: Por ej. Una persona tuvo un vuelo con mucha turbulencia en la que se sintió muy angustiada, ésto constituirá un primer registro. Luego una persona significativa le dice antes de un vuelo "no vayas a volar con esta tormenta porque puede ser peligroso". En otro momento ve en la T. V. Un accidente aéreo. Este aprendizaje se desarrolla a través de información e instrucciones.
Además existen otras variables a tener en cuenta como factores biológicos, de estrés, etc.

Cabe aclarar que no todos los que están expuestos a este tipo de situaciones nombradas van a desarrollar una fobia.

Para indicar el objeto del miedo o la evitación en la fobia específica se pueden distinguir los siguientes subtipos:

Tipo animal (miedo a animales o insectos).
Tipo ambiental (miedo a situaciones relacionadas con la naturaleza y los fenómenos atmosféricos, como tormentas, truenos, precipicios o agua).
Tipo sangre-inyecciones-daño (miedo a ver sangre o heridas, a recibir inyecciones u otras intervenciones médicas de carácter invasivo).
Tipo situacional (miedo a situaciones específicas como transportes públicos, túneles, puentes, ascensores, aviones, automóviles o recintos cerrados.
Otros tipos (miedo a otros estímulos como pueden ser las situaciones que llevan al atragantamiento, al vómito, a la adquisición de una enfermedad, fobia a los ‘espacios’ (miedo a caerse si no hay paredes u otros medios de sujeción) y el miedo de los niños a ruidos fuertes o a personas disfrazadas).

Según los autores americanos M. Antony y R. Swinson la edad de comienzo de las fobias especificas son:

Infancia temprana (más de 10 años): A animales, sangre, tormentas, al agua.
Adolescencia: A las alturas (vértigo).
Entre los 19 y 25 años: Fobias situacionales (por ej. Claustrofobia).

En otro estudio realizado en USA por Antony, Brown y Barlow demuestra que existe en promedio una distancia temporal de 9 años entre que comienza el miedo y el comienzo de la fobia. Por ej. El miedo a los animales frecuentemente aparece a los casi 11 años y la fobia se declara a los 20 años.

El tratamiento de la fobia específica más utilizado por su efectividad es la terapia de exposición, en donde el terapeuta debe desensibilizar al paciente mediante una serie de autoexposiciones graduales del paciente ante el estímulo fóbico. A su vez, se le enseña distintas técnicas para controlar la ansiedad, que incluyen relación, control de la respiración y abordajes cognitivos de la situación (refuerzo de la idea de que la situación ansiógena no es peligrosa).

Fobia social (trastorno de ansiedad social)
La fobia social suele aparecer típicamente en la adolescencia, y puede haber antecedentes infantiles de timidez o inhibición social. La aparición de la fobia social puede surgir bruscamente luego de haber experimentado una situación humillante o estresante, o bien puede aparecer lentamente. Los datos que arrojan los estudios epidemiológicos con respecto a la prevalencia global de este trastorno fluctúan entre el 3 y el 13%. La edad de aparición de la fobia social es entre los 15 y los 20 años.

El curso de este trastorno fluctuará dependiendo de las demandas de actuación social de las diferentes etapas vitales y de la estabilidad de los círculos sociales con los que el individuo se vincula. De tal manera, los síntomas de la fobia pueden reagudizarse ante algún cambio que implique relacionarse con gente desconocida.

Lo que distingue a la fobia social de la fobia específica es que en este caso ese miedo o temor intenso y persistente sufrido por la persona es en referencia a situaciones o actuaciones sociales en las cuales el individuo siente que puede exponerse a personas desconocidas, a ser observado por los otros. Lo que es temido es el hecho de mostrarse ansioso ante los demás, a pasar por una situación embarazosa, a la humillación pública.

El enfrentarse a estos estímulos provoca en la persona una inmediata respuesta de ansiedad que puede llegar a adoptar la forma de crisis de angustia, aunque ellos mismos reconocen que su miedo es irracional. Ese temor resulta en una clara evitación de situaciones sociales, o en un despliegue de sintomatología ansiosa en el momento de enfrentarse a la situación temida.

Es necesario que tales síntomas (ansiedad de anticipación y temor) o los comportamientos evitativos perjudiquen marcadamente el funcionamiento diario de la persona o su bienestar personal para que se pueda diagnosticar la fobia social. En el caso de personas menores de 18 años, la duración de los mismos debe de ser mayor a los seis meses.

Un sujeto que padece de fobia social, al estar frente a un evento en público, ya sea hablar frente a un grupo de gente, comer, beber o escribir, experimenta una constante preocupación por la posibilidad de que los demás los perciban como loco, ansioso, débil, además suele creer que la situación puede resultar embarazosa. Ante las situaciones sociales temidas es muy común el enrojecimiento.

Otro problema que acarrea, es la posibilidad de aparición de una marcada ansiedad anticipatoria, mucho tiempo antes de afrontar tal situación, pudiéndose formar un ciclo vicioso. De esta manera la persona comenzaría sufriendo de ansiedad anticipatoria que le produciría ideas y síntomas de ansiedad mientras se encuentra en la situación temida, resultando en una situación con un rendimiento insatisfactorio real o subjetivo, generando a su vez experiencias embarazosas y más ansiedad anticipatoria, sucesivamente.

En la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV) se diferencia el Trastorno de Ansiedad social Limitado. Este implica temor a una situación social determinada (por ej. hablar en público).

Otro modo que tiene de presentarse el Trastorno de Ansiedad Social es generalizada, en el que el miedo padecido se relaciona con la mayoría de las situaciones sociales (Por ej. a hablar en público, comer en publico, ir a una fiesta, etc.)

La primera especificación nombrada (limitada) representa 1/3 de los casos con fobia social, y es menos imposibilitante y menos persistente. Además, se encuentra asociada a menos trastornos mentales que en la Ansiedad Social Generalizada.

Aproximadamente el 80% de los pacientes con fobia social refieren al menos algún otro trastorno psiquiátrico. Los más frecuentes que se han observado (según estudio de Magge y col 1996) fueron depresión, fobia, especifica, agorafobia, alcoholismo y drogadependencia.

Según Schnneier Fr. y col., la fobia social generalmente precede al abuso de drogas en un 85% de los casos. También existe una fuerte relación entre alcoholismo y fobia social. Por ej. Existen personas que antes de afrontar una situación social (por ej. ir a una fiesta) consumen alcohol para que no sentirse inhibidos. Muchas veces esto contribuye al desarrollo de una conducta alcohólica.

El tratamiento de la fobia social suele consistir en terapia cognitiva de tipo gradual, junto con medicación específica. La terapia puede realizarse, ya sea de forma individual o grupal, observándose mejorías en pocas semanas de comenzado el tratamiento.

Para el caso de la fobia social generalizada, la psicoterapia suele consistir en una combinación técnicas conductuales y cognitivas, tales como la reestructuración cognitiva, la desensbilización, los ensayos durante las sesiones y la asignación de tareas para la casa.

El tratamiento de la fobia específica más utilizado por su efectividad es la terapia de exposición, en donde el terapeuta debe desensibilizar al paciente mediante una serie de autoexposiciones graduales del paciente ante el estímulo fóbico. A su vez, se le enseña al paciente distintas técnicas para controlar la ansiedad, que incluyen relación, control de la respiración y abordajes cognitivos de la situación (refuerzo de la idea de que la situación ansiógena no es peligrosa).

Trastorno obsesivo compulsivo
Anteriormente, se creía que el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) era un trastorno relativamente raro. Hoy en día, gracias a las investigaciones, se estima que presenta una prevalencia general del 2 al 3%.

El inicio de los síntomas esa los 14-15 años, aproximadamente. Se toma conciencia de la necesidad de ayuda profesional a los 24 años. A los 30 años recibe un diagnóstico adecuado y recién a los 31 años recibe un tratamiento adecuado.

Si se llevara un ranking de enfermedades psiquiátricas, el TOC se encontraría en un cuarto lugar, luego de las fobias, los trastornos relacionados con sustancias y la depresión mayor.

Las obsesiones son pensamientos, ideas, sensaciones o sentimientos recurrentes, ansiógenos (que provocan ansiedad) e intrusivos, y las personas los califican como ajenos a su control,pero saben que son producto de su mente. Los temas más frecuentes sobre los que versan las obsesiones son la contaminación, las dudas reiterativas, la necesidad de orden, impulsos agresivos y las fantasías sexuales.

Las compulsiones, en cambio,son conductas o actos mentales de carácter recurrente, conscientes y estereotipadas, que se llevan a cabo con el fin de calmar o prevenir la ansiedad, y no por placer o gratificación. La persona se siente compelida a realizar tales actos para evitar algún acontecimiento negativo o para reducir el malestar que conlleva la obsesión. Inversamente, cuando un individuo se resiste a realizar la compulsión la ansiedad se intensifica. Las compulsiones comunes se relacionan con tareas de lavado o limpieza, comprobaciones, exigencias de certeza, el orden de los objetos y actos repetitivos.

Las personas que padecen de trastorno obsesivo compulsivo, suelen reconocer la excesividad e irracionalidad de sus obsesiones y compulsiones.

Este trastorno puede llegar a ser muy perturbador, debido a la gran cantidad de tiempo que las obsesiones pueden insumir y a la interferencia que las compulsiones pueden provocar en sus rutinas normales, su trabajo o sus relaciones sociales. También debido a su carácter perturbador, suelen ocasionar un detrimento de sus actividades cognoscitivas en donde necesitan del empleo de la concentración, como son la lectura o el cálculo.

A su vez, algunos sujetos acaban evitando o alejándose de objetos o situaciones que les provocan obsesiones y compulsiones, pudiéndose generalizar este comportamiento evitativo, limitando seriamente la actividad global del individuo. Las preocupaciones hipocondríacas son frecuentes y se revelan en las repetidas visitas médicas.

Los tratamientos más adecuados para los síntomas obsesivos de este trastorno son la farmacoterapia y la psicoterapia cognitiva-conductual.

En otro trabajo se ha observado que el 24,6% de los pacientes con TOC tiene un familiar de primer grado que también lo presenta.

En el 45,3% de los pacientes con TOC tuvieron en algún momento ideación suicida y en el 10,6% ha tenido intentos de suicidio.

Muchos individuos con este trastorno suelen resistirse al tratamiento, tanto como a rechazar los medicamentos, como las tareas que se les pide en la terapia. Por esta razón, un análisis dinámico de las resistencias del tratamiento es de gran utilidad para lograr que el cumplimiento del tratamiento se logre.

Las últimas investigaciones develaron que esta patología posee un importante componente biológico, por lo tanto, la farmacoterapia es de gran ayuda para disminuir los síntomas.

Trastorno por estrés postraumático
La investigación reciente sobre este trastorno se ha centrado en la respuesta subjetiva de cada persona frente al trauma, debido a que por simple definición el factor principal de este trastorno sería el estrés, pero no todos desarrollan un trastorno por estrés postraumático luego de haber sufrido una experiencia traumática. Más aún, existen personas que se enfrentan a experiencias traumáticas muy graves que no presentan este tipo de trastorno y algunas personas que experimentan sucesos menos catastróficos pero debido al significado subjetivo del acontecimiento, sufren de un trastorno por estrés postraumático. Es más probable que el trastorno se presente en personas solteras, divorciadas, viudas, con problemas económicos o aisladas socialmente.

En la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales se observa que la prevalencia oscila entre el 1 y el 14 %. En un estudio sobre individuos de riesgo (veteranos de guerra, víctimas de atentados terroristas, etc.) pueden encontrarse cifras de prevalencia que varían del 3 al 58%.

El trastorno por estrés postraumático posee un comienzo agudo. Puede aparecer a cualquier edad, incluso durante la infancia. Se diagnostica cuando una persona desarrolla determinada sintomatología, después de haber experimentado una situación que podría ser categorizada como traumática para cualquiera. Este evento es de una magnitud tal, debido a que produce intenso miedo, desesperanza u horror, junto con lesiones severas o riesgo para la propia o para una tercer persona, sobre su integridad física o amenaza de muerte. Se incluye también como traumático el hecho de haber tomado conocimiento de una situación horrorosa inesperada que haya sufrido una persona significativa. Dentro de estos traumas están incluidas las catástrofes naturales, las violaciones, ser secuestrado, las experiencias de combate, las torturas, diagnósticos de enfermedades mortales y los accidentes serios.

La respuesta sintomatológica al evento traumático es la reexperimentación intensa del mismo (a través de recuerdos intrusivos, flashbacks, pesadillas, malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos que simbólicos o asociados, o la sensación de volver a vivir el acontecimiento), la evitación de todo estímulo asociada a él y un entorpecimiento de su capacidad de respuesta (esfuerzos para evitar actividades o pensamientos relacionados con el evento, incapacidad para recordar aspectos importantes del trauma, reducción del interés en actividades antes placenteras, desapego, sensación de un futuro de desolación, y restricción de la vida afectiva) y aumento de la activación (trastorno del sueño, irritabilidad, problemas de concentración, hipervigilancia, respuestas de sobresalto exageradas). Estos síntomas deben causar perjuicios en el funcionamiento normal del individuo.

Un criterio importante para el diagnóstico de este trastorno es la duración de estos síntomas, ya que debe prolongarse por más de un mes, de lo contrario se trataría de un trastorno por estrés agudo.

Si los síntomas aparecen luego de seis meses de haber sufrido, presenciado o tenido noticia del acontecimiento, se lo especifica como trastorno por estrés postraumático de inicio demorado. De durar los síntomas tres meses o más se lo considera crónico y agudo, si la duración es menor a los tres meses.

A diferencia de otros trastornos, en el TEPT las únicas variables que influyen son el estado civil y el sexo (la raza, la educación no influyen tanto). El TEPT es más frecuente en las mujeres en una relación aproximadamente de 2 a 1. Con respecto al estado civil es mas frecuente su aparición en personas separadas o divorciadas.

En el caso de una persona que sufre de trastorno por estrés postraumático, el tratamiento se recomienda tanto la psicofármacoterapia, como la psicoterapia y la psicoeducación. Un importante parte del tratamiento de estos individuos es el apoyo, para que así pueda explicar, contar el suceso traumático que han experimentado. Los grupos de apoyo son elementos fundamentales para el paciente como para la familia, si un apoyo adicional es necesario.

La psicoterapia efectiva para estos casos es la terapia individual o grupal cognitiva conductual, en donde las técnicas de reexperimentación y de confrontación del evento son las más utilizadas. Para estos trastornos, a su vez, se suele recomendar la hipnosis. Una parte importante del tratamiento es la exposición al trauma a través de técnicas como la imaginación, exposiciones in vivo, implosión o la desensibilización sistemática, pero se cree que la relajación es más efectiva que la exposición, para un corto período.

Otra técnica muy efectiva en este trastorno es la desensibilización y reprocesamiento (del trauma) a través del movimiento ocular (E. M. D. R.)

Con respecto a la psicoeducación, se busca que el individuo aprenda métodos para enfrentarse al estrés, ya sea con estrategias cognitivas como la afrontación o a través de la relajación.

Trastorno por estres agudo
Al igual que en el trastorno por estrés postraumático, en el trastorno por estrés agudo, el individuo experimenta, presencia o toma consciencia de un acontecimiento traumático, respondiendo con horror, un intenso miedo y desesperanza. Además de reexperimentarlo, al igual que en el trastorno de estrés postraumático, sufre una serie de síntomas disociativos como el embotamiento afectivo (reducción de la intensidad de los sentimientos expresados), la reducción de la conciencia, desrealización (sensación de que el entorno es irreal o extraño), despersonalización (sensación de irrealidad o falta de familiaridad consigo mismo) y amnesia disociativa (incapacidad de recordar el evento traumático). Las alteraciones deben durar entre dos días como mínimo y no más de cuatro semanas.

Al principio, el evento traumático se revive intensamente, luego todo estímulo asociado al trauma es evitado, para que por último se aumente la activación como respuesta hacia estos estímulos.

En personas con este trastorno pueden aparecer sentimientos de desesperanza y desesperación, que en ocasiones pueden desarrollarse en un trastorno depresivo mayor. Muchos se sienten culpables por haber sobrevivido, o por no haber prestado la suficiente ayuda. A veces hasta llegan a sentirse responsables de las consecuencias de lo que sucedió. También, pueden tener comportamientos de riesgo y de carácter impulsivo.

Existe un alto grado de probabilidad que sujetos con este trastorno, sufran un trastorno por estrés postraumático.

El tratamiento de este trastorno es similar al utilizado para el estrés postraumático, pero a su vez se debe tratar los síntomas disociativos. La generalmente se ofrece una combinación entre la psicofármacoterapia, la psicoterapia y la psicoeducación. Los grupos de apoyo para el paciente como para la familia sirven para poder identificarse con otros que pasaron por la misma situación y para no sentirse aislados, además de recibir un apoyo adicional.

La psicoterapia efectiva para estos casos es la terapia individual o grupal cognitiva conductual, en donde las técnicas de reexperimentación y de confrontación del evento son las más utilizadas. Para este trastorno también se suele recomendar la hipnosis.

Con respecto a la psicoeducación, la relajación es un técnica clave para enfrentar el estrés del trauma, además se utilizan estrategias cognitivas como la afrontación.

Trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica
El desarrollo de síntomas ansiógenos debido a los efectos fisiológicos de una patología médica es un fenómeno común. Sin embargo, la prevalencia va a depender de la enfermedad médica en cuestión. Es necesario poseer evidencias mediante exámenes físicos, historia clínica, hallazgos de laboratorio, de la correlación directa de los síntomas de ansiedad con la patología médica, porque se debe determinar el mecanismo por el cuál esa enfermedad es responsable de los síntomas. La evolución de los mismos va a depender de la etiología del trastorno, o sea, de la enfermedad médica padecida. Estos síntomas pueden ser idénticos a los de los trastornos de ansiedad primarios, siendo las crisis de angustia el síndrome más usual.

Si estas alteraciones aparecen exclusivamente en el transcurso de un delirium, el diagnóstico de este trastorno no se debe realizar.

Gran cantidad de enfermedades médicas puede desarrollar sintomatología ansiosa. Entre ellas se encuentran las enfermedades endocrinas, las enfermedades cardiovasculares, las enfermedades respiratorias, las enfermedades metabólicas y las enfermedades neurológicas.

Trastorno de ansiedad inducido por sustancias
Este trastorno se encuentra caracterizado por la presencia de síntomas predominantes de ansiedad considerados secundarios a los efectos fisiológicos directos de una sustancia.

El trastorno puede incluir ansiedad acusada, crisis de angustia, fobias, obsesiones y/o compulsiones, dependiendo de la naturaleza de la sustancia, y de cuando aparecen los síntomas (durante la intoxicación o abstinencia). Mediante la historia médica, los exámenes físicos u otros métodos auxiliares, se obtienen las evidencias de la condición médica en general del sujeto que causan los síntomas de intoxicación o de abstinencia de la sustancia.

Se necesita que los síntomas preceden al consumo de sustancia o medicamento, persistiendo durante alrededor de un mes después del período agudo de abstinencia o intoxicación; o que sean claramente excesivos en función al tipo y la cantidad de sustancia ingerida. A su vez, los síntomas no pueden haber aparecido exclusivamente en el transcurso de un delirium.

La sintomatología ansiosa producida por la abstinencia o la intoxicación de las sustancias suele ser transitoria y remitir luego de metabolizada la sustancia, en la intoxicación, y al restablecerse el equilibrio fisiológico del organismo, en el caso de la abstinencia.

Existen varios tipos de sustancias cuya intoxicación puede llegar a dar lugar a la aparición de un trastorno de ansiedad, a saber: alcohol, anfetaminas y derivados, alucinógenos, cafeína, Cannabis, cocaína, fenciclidina y derivados, inhalantes, y otras sustancias desconocidas. En el caso de la abstinencia, las sustancias que pueden desarrollar un cuadro similar son el alcohol, cocaína, sedantes, hipnóticos y ansiolíticos. Cabría agregar las sustancias volátiles como la gasolina, las pinturas, insecticidas, etc.
Bibliografía
Kaplan, H.; Sadock, B.; Grebb, J. (1997): "Sinopsis de Psiquiatría". Baltimore, Maryland, William Wilkins; Argentina, Editorial Panamericana.
Suárez Richards, M. (1995): "Introducción a la psiquiatría". Argentina, Editorial Salerno.
Belloch, A.; Sandín, B.; Ramos, F. (1995): "Manual de Psicopatología" España. Mcgraw-Hill.
DSM- IV (1995): "Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales". Madrid, Editorial Masson.
Notas
Infidelidad
Todo empieza con un secreto
Familiar alcohólico
Adolescencia
La crianza de los hijos
ADHD
Ideación suicida
Entender el pensamiento suicida
¿Psicofármacos o Psicoterapia?
Dormir bien tiene sus ventajas
Adicto a internet
Las familias
La depresión y los sexos
Los mejicanos y el trabajo
La mujer en Méjico
Psicología deportiva
Autoestima
Cómo resolver un problema
Terapia cognitivo conductual
Víctimas de secuestro extorsivo
Etapas del ciclo vital
Infancia
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